Los chicos del CEUH habían organizado un torneo de truco interno en la casa de mujeres, ubicada en ese momento frente a plaza Moreno.
La idea era recaudar unos pesitos para la institución y, sobre todo, pasar un rato ameno entre todos los estudiantes.
Como siempre, en estas juntadas hay servicio de cantina. Y como siempre en estos casos, se organizan grupos para atender la misma en distintos turnos.
La jornada iba viento en popa, los estudiantes se divertían y la cantina trabajaba a full, con los turnos rotativos funcionando como un relojito suizo.
Llegó el partido final con una pareja de varones y una de mujeres para disputarse el premio mayor: un porcentaje de lo recaudado de las inscripciones y, como obsequio, un par de tragos a elección.
Llamó la atención que, de pronto, la pareja encargada en ese momento del expendio de bebidas empezó a guardar las cosas en la habitación donde se había montado la cantina. Los presentes no dieron mayor importancia al hecho, pues ya estaba terminando el torneo y era lógico que fueran acomodando y ordenando todo.
Lo que sí resultó extraño fue cuando los cantineros cerraron la puerta de la habitación… del lado de adentro. Aunque la chica vivía en esa pieza.
Minutos después, falta envido mediante, terminó la final del truco y, claro, los muchachos vencedores, además del premio en efectivo, quisieron también la bebida espirituosa que estaba prometida a la pareja ganadora.
Entonces se dirigieron rumbo al dormitorio que había oficiado de cantina. Uno de los campeones golpeó un par de veces la puerta de la habitación, cada una de ellas con mayor intensidad. Sin embargo, no obtuvo respuesta alguna. Insistió, y nada. Y no le quedó otra. Pese a que quisieron persuadirlo de que lo que iba a hacer no estaba bien, el muchacho se agachó, acercó un ojo a la cerradura y espió.
Cuentan que aún hoy persiste la duda sobre si realmente entre los encargados de la cantina había surgido alguna simpatía y estaban dando rienda suelta a la pasión o si la chica había sufrido alguna descompensación y el muchacho –que por entonces era estudiante de la profesión que hoy desempeña en nuestro pueblo- le estaba brindando los primeros auxilios.
Lo que sí se sabe con certeza es que las compañeras de habitación de la muchacha tuvieron que conseguir otra pieza para ir a pernoctar.