19-06-2011 16:48 |
Esto sucedió hace varios años en la puerta de un taller de la calle Italia, por donde pasaba un reconocido vecino no con la mejor de las famas y se encontró en el lugar con el dueño de una quinta ubicada cerca de la ruta en la continuidad de la calle Colón
Era media tarde cuando, en bicicleta, el Tacha iba en dirección del corralón municipal, pero pegó la vuelta cuando vio que estacionaba frente al galpón alguien a quien estaba buscando.
-Che, José, vos tenés en la quinta una antena tirada. La vas a tener que sacar porque yo ando necesitando una y si no la sacás la voy a ir a buscar – avisó el interesado al sorprendido hombre que todavía no había bajado de la camioneta.
-Ah sí, mirá vos. Entonces la vamos a tener que ir a buscar -respondió José Roullier-.
-Bueno, pasame a buscar por casa mañana y vamos, yo te ayudo a cargarla -se ofreció el otro, antes de montar la bicicleta y seguir su camino silbando bajo-.
En efecto, la fueron a buscar y el dueño se la regaló a quien la estaba necesitando. Eso sí, siempre le quedó la duda al dueño de la quinta de cómo había visto la antena el interesado tirada entre esos pastizales. “Habrá estado sacando algunas frutas”, trató de autoconvencerse.