05-06-2011 17:44 |
Algunos más exitosos, otros más modestos, todos con un encanto particular para los chicos y muchos grandes, los circos son siempre un centro de atención cuando llegan a los pueblos. Y lo eran mucho más cuando llegaban con esos animales salvajes seductores para el público. Uno de esos circos, de cierta importancia, tenía un oso boxeador que llegaba con el mote de invicto. En Henderson un hombre pudo con la bestia, y muchos años después, cuando el circo volvió, otro lo iba a intentar, pero apareció enyesado y no pudo disputar la anunciada pelea
Allá por fines de los ´60, Juan Carlos Zaldivar tenía un taller dedicado principalmente a las soldaduras. Uno de los típicos carruajes de circo utilizado para pasear a los animales por las ciudades en la promoción del espectáculo debió recurrir al taller de reparaciones.
Mientras soldaba unos hierros de la parte inferior del acoplado, Zaldivar se puso a conversar con el dueño del circo, quien le comentó que el oso que usaba esa jaula estaba preparado para boxear y luchar con personas, y que la mayoría de las peleas (a decir del hombre, todas hasta el momento) las llevaba ganadas.
El desafío era que el contrincante tenía que hacer caer al oso, que éste apoyara en el fragor del combate más de medio cuerpo en el piso. “Yo te lo volteo”, desafió el soldador. “Hacemos la pelea cuando quiera”, respondió el dueño de la carpa, que en el primer día ya había conseguido asegurar uno de los números principales de su compañía.
En efecto, la pelea se llevó a cabo. Zaldivar trastabilló en el primer intento, pero en el segundo pudo con la bestia, que cayó de espaldas, ante el asombro de los presentes y hasta de los propios hombres del circo.
Muchos años después, con otro oso preparado para la misma misión, el circo volvió a Henderson, y el dueño fue a visitar enseguida a aquel soldador que aún era de los pocos que habían derribado a sus bestias. Invitó entonces a Juan Carlos y familia a la función del sábado por la noche, donde un tal Herrera, de mentas boxeador, iba a hacer un intento con el cachorro ya preparado que hacía de centro de atracción en la carpa.
En medio del espectáculo el dueño del circo, que era el presentador, anunció que “lamentablemente” la pelea no se iba a poder realizar, porque el contrincante había sufrido un pequeño accidente por el cual tenía un yeso en una de sus manos. En efecto, Herrera apareció con una mano inmovilizada y pidió las disculpas del caso.
Acto seguido, el presentador contó aquella pequeña historia de unos 15 años atrás, y dijo que el hombre de Henderson que había vencido al oso estaba en la platea, e hizo ingresar a Zaldivar a la pista, donde recibió el aplauso de los presentes y el grito “dale Vasco, tiralo otra vez”. Pero, aunque no le faltaron ganas, el hombre saludó, volvió a su silla y, cuando llegó, dijo “la verdad que me dieron ganas, se lo tiro de vuelta”, pero optó por no arriesgar la pilcha nueva y la gloria de haberle ya ganado a la bestia.