No es la idea hacer un detalle cronológico de los hechos, ni tampoco quedarnos solamente con los nombres y las fechas, sino comentar aquellos acontecimientos que nos permitan tener la idea los más cercana posible de las características y forma de vida de los primeros años del pueblo.
Para comenzar nos dedicaremos a los primeros medios gráficos locales, que por entonces eran el único medio de comunicación existente, ya que la radio estaba en sus primeros pasos a nivel nacional y la televisión aún no existía.
Entre ellos recordamos a “El Tribuno”, fundado en 1932 con la dirección del señor Víctor Diez, responsabilidad que a partir de enero de 1934 pasó a estar a cargo del señor. José María López Camelo.
Este semanario, que se presentaba como “Periódico regional, noticioso y social de carácter independiente”, tenía entre sus particularidades que su portada estaba ocupada mayormente por publicidades de remates ferias y avisos de profesionales; sus páginas interiores se dedicaban a comentarios generales y sociales y en la contratapa la sección de correos y literaria, donde los jóvenes publicaban sus poesías, generalmente dedicadas a alguna dama.
Su estilo era directo y sin rodeos. Esto podemos apreciar leyendo el siguiente texto, un original del n° 128, del 23 de diciembre de 1934, con el titulo de “Excesos de fiestas”. “Por repetidas veces, hemos sostenido en nuestros justicieros comentarios el exceso de fiestas que se experimenta continuamente en nuestra población, a la cual no se le da tregua ni un momento; tal es así que no pasa un mes sin que tengamos dos o tres veces bailes populares con el consiguiente desplumadero”.
“Sería tiempo ya que se tomaran medidas para este estado de cosas que de por sí está pidiendo, para tranquilidad de la población y de los bolsillos livianos, una intervención moderada de nuestras superiores autoridades…”.
“Con esto queremos decir que ya es tiempo de poner coto a tanto abuso por las entidades organizadoras, que en nada miran el bienestar económico de nuestra población, pues una vez realizadas las consabidas fiestas, el pueblo queda como si lo hubiera agarrado una manga de langostas”.
Han pasado más de setenta años y podemos observar que las costumbres han cambiado mucho; este Henderson que hoy vivimos no es el mismo que vivieron nuestros abuelos y padres.
Por JOL