El estado de deterioro general es evidente, y no han pasado más que dos años desde que se hizo la puesta en valor con aportes de la provincia de Buenos Aires. Lo que llama la atención es que no sólo el edificio permanece cerrado y sin que se le dé una utilidad pública, sino que los yuyos lo rodean, y la puerta de acceso permanece cerrada con un candado.
Los pilares que se realizaron hace sólo dos años, para colocar una reja y un tejido de protección, hoy están muy deteriorados. Quizá algunas de las desmejoras responden a vándalos, que nunca faltan y que tiran piedras y destruyen. De todos modos, vale preguntarse por qué no hay alguien que cuide el edificio, que es patrimonio y orgullo de nuestra ciudad y de nuestra Provincia.
El mea culpa no debiera pasar solamente por las autoridades sino también por los ciudadanos. Sabido es que los pueblos que no reconocen su historia, mal pueden construir un futuro; eso lo sabemos muy bien, y por experiencia propia.
La Porteña está todavía en pie. A pesar de los años; a pesar de los vándalos; a pesar de la falta de un mantenimiento constante; y a pesar nuestro, que muchas veces miramos para otro lado.
Informe: Claudia Zara
Foto: Andrés Alejandro