Al llegar al establecimiento a primera hora de la mañana, cuando aún el sol estaba oculto, una de las porteras del colegio vio con pavor que había algo colgado del palo de la luz en la vereda de enfrente del colegio. Llamó a la policía previendo lo peor.
Cuando llegaban los primeros alumnos vieron un extraño despliegue y alguien que bajaba con un cuerpo desde lo alto. Enseguida advirtieron que se trataba de "Tito", cariñoso nombre que los estudiantes le daban al esqueleto con que se estudiaban los huesos humanos.
Nunca se supo quiénes fueron los autores de la pesada broma, y más allá de las sospechas de las autoridades del colegio, no hubo prueba que inculpara a los alumnos que el día antes dejaron destrabadas las ventanas del laboratorio que daban al patio externo. Ellos mismos se encargaron de entrar por la noche al laboratorio donde se guardaba a "Tito", lo vistieron y lo colgaron del palo. Además, asistieron por la mañana al colegio como si nada hubiera pasado, y disimulando el sueño por la aventura nocturna.