24-04-2011 10:18 |
Vistió durante años la camiseta de Juventud Unida y en los años 80 se calzó la casaca de Fútbol Club, en momentos en que sólo los rojiverdes disputaban la liga pehuajense. Además de sus característicos piques de wing por la derecha, el Fino Burgos tenía un arte que salvó a su equipo de más de un gol
En aquel equipo de Fútbol Club, dirigido por Carlos Jaimerena, jugaban, entre otros, los hermanos Juan José “Mono” y Carlos Cruz, Raúl Ricciopo (hijo), el “Negro” Fernández, el “Abuelo” Barrenau, el “Negro” Lemos, los arqueros Huala y Luna, y el inefable Fino.
Fue en un partido de local frente a uno de los equipos fuertes de Pehuajó (si la memoria no falla, Deportivo Argentino) cuando, en un pique al vacío, el 9 de ellos recibió un pase quirúrgico del enganche y enfilaba solo frente al arco. Pero la carrera del delantero se vio interrumpida por un estridente silbato. El 9 se dio vuelta para comerse crudo al referí, que con cara extrañada hacía la seña de “siga-siga”. En paralelo, desgañitándose en los gritos desde la mitad de la cancha, Burgos le gritaba a Huala “agarrala Negro, agarrala”. El arquero asió la pelota en sus brazos y sacó rápido, abortando la protesta del equipo visitante y dejando al árbitro con la duda de lo sucedido.
Cuando terminó el partido, el hombre de negro (en aquella época todos los árbitros vestían como si estuvieran de luto) no sabía cómo explicar que él no había pitado, mientras los jugadores de la visita se desvivían por pedirle razones de lo que entendían un off side mal cobrado.
Pocas semanas después, el partido contra Calaveras se tornó difícil de entrada, pero cuando las cosas estaban 0 a 0 otra vez un hombre de ellos se metió entre los defensores y enfiló al arco en soledad. Otra vez el silbato, pero en esta oportunidad el goleador no se detuvo y culminó la faena. Tibias protestas de los rojiversdes antes de poner la pelota en juego desde el círculo central quedaron desvanecidas prontamente ante un juez rígido que también escuchó el sonido igual al de su pito pero, lejos de sorprenderse, escudriñó desde donde provenía. Al terminar el primer tiempo hizo las averiguaciones necesarias, y antes de empezar la segunda parte amonestó al Fino y lo sentenció a que si volvía a escuchar la imitación de su silbato lo expulsaba.
El recurso fue varias veces usado por el delantero, a veces con singular éxito.