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A través de Ilda saludamos a todos los maestros en su día

10-09-2016 23:48 | 

Como cada año en esta fecha, saludamos a todas las personas que ejercen la docencia, especialmente a quienes desempeñan la tarea en nuestro pueblo.  Y como cada 11 de septiembre, lo hacemos a través de una nota con alguien que cuente en su haber con una amplia trayectoria al frente de un aula, se encuentre o no en actividad. En esta oportunidad, la protagonista es Ilda Abdala de Baratucci. Compartimos la charla que con ella mantuvo Hendersonline

 

 

 

 

 

“Mi vocación nació desde muy chiquita. Era una niña aún, no iba a la escuela, y ya tenía la ilusión de enseñar. Me rodeaba de mis animalitos… a todo el mundo le quería enseñar. Entonces ahí fue surgiendo mi vocación, y, gracias a Dios, mis padres me la pudieron cumplir. Con mucho sacrificio, porque yo estudié hasta tercer año acá, en Henderson, y después dos años en Pehuajó. Era la época en que no había caminos, no había medios de transporte; venía una vez por mes a mi casa. Y bueno, felizmente pude llegar”, cuenta Ilda en el inicio de la charla con Hendersonline para la nota por el Día del Maestro.

Se recibió en 1958, después de una formación docente que por entonces consistía en tres años de ciclo básico y dos años especiales de Magisterio.

En la escuela primaria ubicada en el paraje El Moro ejerció su profesión por primera vez. Fue sólo una semana. “De ahí pasé, otra semana, quince días, a la Escuela de Bella Vista. Y después a la Escuela 40, que era rural, también. Ahí sí estuve un par de años”, detalla la maestra acerca de sus comienzos frente al aula.

Del primer día de clases recuerda que fue en sulky, al igual que los siguientes, porque, como señaló antes, no había otro medio de transporte. También cuenta que la escuela era un ranchito de adobe, y que tenía una compañera, que no era de Henderson.

Ya había pasado a ser Abdala de Baratucci y el matrimonio aguardaba la llegada del primogénito cuando a Hilda le llegó el nombramiento y fue designada a la Escuela 2. En el establecimiento que une diagonal Hipólito Yrigoyen con calle Mariano Moreno dio clases durante casi treinta años; apenas cuatro meses le faltaban para cumplir las tres décadas cuando le llegó el momento de jubilarse. El último día fue el 31 de mayo de 1990, ocho días después de su cumpleaños. Estaba al frente de quinto grado.

Consultada respecto de si le gustaba más cumplir con su labor en escuelas rurales o en las ubicadas en el casco urbano, Ilda responde: “Son lugares diferentes. En la escuela rural tenés varios niveles en el salón. Yo tenía tres grados: tercero, cuarto y quinto. Entonces había que adaptarse, se tenía que distribuir la tarea, porque a lo mejor había tres chicos de un grado y dos chicos de otro. Se trabajaba de una forma. Y en la escuela urbana, como en este caso la Escuela 2, tenías un solo grado, en el cual podías distribuir tu materia y el trabajo. Y siempre trabajábamos en distintos niveles, porque el chico adelantado era el que trabajaba más, y al chico que le costaba más se le dedicaba mayor tiempo, y a lo mejor hacía más tarea porque estaba más atendido”. 

La docente nunca tuvo a sus hijos como alumnos. Dice que siempre trató de que a ellos les dieran clases otras maestras. “El mayor me saludaba en la puerta de la escuela y después me trataba de señorita. En cambio la nena, no; la nena era más compañera, más pegota”, cuenta. Y amplía al respecto: “Yo hacía un ciclo medio, de cuarto y quinto grado. Cuando mi hija llegó a cuarto grado, no lo hice ese año, me quedé en quinto. Fue el año de la inundación, que trabajé hasta el mes de junio-julio con 54 alumnos, porque nadie podía venir. Tenían que venir de Tandil, Olavarría, Azul a desdoblarnos el grado, para poner otro maestro; y como estábamos en esa situación, no podían llegar. A pesar de eso, mi hija tuvo su maestra y no fue mi alumna”.  

Con relación a cómo ve a la distancia la educación de cuando daba clases y cómo ve la de ahora, y algunas diferencias que pueda marcar entre ambas, si bien aclara que han pasado muchos años desde que ella era maestra, considera que hay varios factores a tener en cuenta. “Primero, los alumnos son distintos. Los chicos, hoy están preparados de otra manera; los hogares están preparados de otra manera; y los docentes, también. Yo considero, y no quiero ser ofensiva con nadie, en absoluto, que en la época que nosotros estudiábamos para maestro era porque uno quería ser maestro; en cambio hoy, actualmente, la de maestro es una de las carreras más cortas con salida laboral que hay; y es así como estudian personas a las que les encanta la docencia y otras que necesitan trabajar", señala Ilda.

Además indica que "cuando yo trabajaba, el último año tenía, entre mis veintipico de alumnos, solamente dos nenes que los papás estaban separados; vos pensá que hoy sería totalmente al revés. No estoy en contra de eso, es así, es la evolución de la vida, es algo que uno tiene que aceptar; pero antes era muy diferente".

También resalta que "en la época que yo trabajaba, el maestro era una persona que tal vez se lo respetaba más, que se lo tenía como referente para muchas cosas; en cambio hoy, el maestro que trabaja en varias escuelas, que está en el hogar, que tiene los niños, no puede dedicarse exclusivamente, hace lo que realmente puede. Yo los comprendo y los admiro a veces, porque los veo pasar corriendo para acá, corriendo para allá; no les alcanza el tiempo para lo que tienen que hacer”.


En cuanto a una maestra que la haya marcado en su etapa de alumna, la protagonista de esta nota con Hendersonline menciona a quien tuvo en primer grado inferior: la señora de Benencia. "Siempre la recuerdo con todo el cariño del mundo", afirma.
 

En tanto que como referentes en su etapa de educadora nombra al “señor Rovira, que era mi director, y la señora Olga Raggio, que era la vicedirectora; a la cual, aunque parezca mentira, le teníamos como miedo, temblábamos cuando ella hacía sonar sus zapatos en el patio… Pero no un miedo malo, sino un miedo de respeto”.
 

Alumnos para destacar dice tener muchos. Y aunque al principio prefiere no personalizar, para evitar quedar mal con el resto, luego se anima y nombra a algunos.
Así aparece en su memoria un alumno de apellido Migorena, a quien recuerda porque "tenía problemas de familia".


También “un alumno muy famoso que tuve: Caniggia. ‘Yayi’ Caniggia”. Del ex jugador de la selección argentina de fútbol dice “era muy deportista. Me parece que  lo veo el día de hoy que se agarraba de las dos mesitas y se bamboleaba en la fila”.

Luego recuerda a una alumna de apellido Veira, que había venido a radicarse a Henderson junto a su familia y había ingresado en la escuela con menos edad de la que correspondía a la primaria de ese momento. “Entonces la inspectora vino a querer hacerla retroceder un año. Yo hice un descargo, porque la nena era excelente alumna. Fui avalada por el director en ese momento y la nena se quedó conmigo”, explica Ilda.

Y cuenta que “el último año tuve un alumno al que quise mucho, y quiero mucho; todos le decimos Gonzalito, es González de apellido. Ese chico estaba en el grupo que yo tenía. Era excelente alumno, muy capaz, muy brillante; y yo luché hasta el mes en que me retiré para que lo pasaran a otra sección. Porque eran dos secciones; la mía era más reducida, donde había que trabajar de una manera, y la otra sección, donde los chicos iban más adelantados. Y a mí me daba lástima, porque ese nene era como que perdía el tiempo trabajando en mi salón. Después, como me jubilé, no supe cómo terminó ese problema”.


Por el lado de las colegas también indica que son varias las que podría destacar.  “Siempre fui muy compañera de María Teresa Mansilla. Es el día de hoy en que no  me puedo acostumbrar a que falta”, expresa. Agrega que “Feliz Marcos también, una excelente compañera y amiga. También Gloria Giaramita, Cristina Barrera. Tal vez me esté olvidando de alguien, pero tuve muchas compañeras que sigo tratando que hoy no están en Henderson, como Nelly Díaz, que está en España y sigo tratándome por mensajes o por mail. Zulema Risi también es otra persona, Norma Rodríguez. Tengo mucha gente querida, que trabajó muchos años a la par mía”.


Para finalizar esta nota con motivo del Día del Maestro invitamos a Ilda a contar una anécdota que le haya tocado vivir en tantos años de guardapolvo blanco.
Aceptó el convite y  compartimos el relato a continuación.

“En una oportunidad estábamos en el área de Lengua, que yo también hacía artística, y los chicos hacían dibujos, obras de teatro, las recreaban. Estábamos todos entusiasmados trabajando en eso. Eran como treinta chicos conmigo y, de un momento para otro, el nene de Unzué, el hijo del medio de Oscar Unzué, me dice: ‘Señora, mire quién está’. Entonces miro hacia la puerta y veo a la inspectora y el señor Rovira. Yo ni me había dado cuenta, ni sabía de qué hora estaban. Les digo: ‘Discúlpeme señor, discúlpeme, señora, no los había visto’. Y ellos me responden: ‘No, no, siga trabajando, siga trabajando. ¿Qué están haciendo?’. Y ahí se levantaron todos a mostrarles qué era lo que estábamos haciendo. Era un desorden, pero de trabajo. Bueno, cuando pasó ese momento saludé a la inspectora, le agradecí que estuviera y le dije que tenía los chicos a su disposición por si quería hacerles alguna pregunta o algo. Y me contestó: ‘No, señora, ya los he visto trabajar, y de la forma que se desempeña no necesito preguntar nada más”.

 

 

                     Entrevista y foto: Flabia Colamarino

 

 

Lluvia: 12, 15 y 17 milímetros registraron, respectivamente, YPF, sector Agronomía de cooperativa El Progreso y Marcelo Posada hasta las 18 horas del viernes 6 de noviembre. Así informaron en uno y otro caso ante la consulta de Hendersonline.

 

+ A la edad de 61 años falleció Héctor Daniel González. No se realiza velatorio. Sepelio: viernes 6 de noviembre a las 9.30 horas. Se llevará a cabo un responso en la Iglesia evangélica (Italia entre Rivadavia y Mariano Moreno). Q.E.P.D.

 

El HCD de Hipólito Yrigoyen invita a la comunidad al acto de descubrimiento de la placa en homenaje al primer intendente electo por voto popular de nuestro distrito, Don Osvaldo Arpigiani. Sábado 14 de noviembre a las 10 horas en el palacio municipal.

 
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