La anécdota: hazte la fama, échate a dormir y cuenta con un policÃa distraÃdo
02-04-2011 19:47 |
Esto pasó allá por fines de los años ´80, cuando durante una época de restricciones para menores de 18 años los pibes se las rebuscaban los sábados a la noche para reemplazar la ausencia de boliche por malones, a los que había que llegar sorteando, a veces, las rondas policiales
Siempre había una madre piola y una casa dispuesta para el malón de los sábados por la noche cuando -durante un lapso del año 88- se hizo muy efectivo el cumplimiento de una ley vigente que prohibía la circulación de menores de 18 años solos después de las 10 de la noche. Obvio, ir al boliche era imposible, pues pedían documentos en la puerta.
El tema era que había que llegar hasta el lugar del encuentro, y en muchas ocasiones con alguna botellita de algo para darle espíritu a la fiesta.
En rigor, la policía hacía la vista gorda muchas veces cuando se trataba de un par de chicos los que andaban por la calle después de la veda. Pero aquella noche eran unos doce los que, juntos, después de un asado arrimaban para el malón a realizarse en un domicilio de la calle Moreno. En la esquina de Moreno y Sargento Cabral, es decir, media cuadra antes del destino, dos patrulleros los interceptaron y pidieron documentos.
“Este es del 72, menor”,dijo el agente, y apartó al primero. “Este también”, dijo, después, del segundo. Y así siguió hasta que llegó a un pibe que todos conocían por el diminutivo de su nombre. El muchacho, de apellido florido, era de esos que todo el mundo conoce por sus andanzas y porque su familia regenteaba un restaurante.
Al escudriñar el documento, el policía dijo: “1973, éste tiene ya es más que mayor (sic), que pase; si éste tiene más años en la calle..”. Tamaña confusión etaria casi lleva a alguno de los que ya eran arrastrados a la comisaría a descubrir el error del agente, pero cayó al ver que el salvoconducto que le provocó al mencionado su conocimiento público le permitió llegar a la casa donde se hacía el malón.
Rápido apareció la madre de la chica que organizaba la velada para decir “déjenlos, yo me hago cargo, vienen a mi casa”.
Después, la hiostoria era discernir si el malón se pudo hacer porque uno de los del grupo era conocido o por si el policía contaba al revés, y un clase 72 era más chico que un 73.