Se sabe que uno de los mejores recuerdos de una persona está relacionado con la época de estudiante, sobre todo en los últimos años del ciclo medio de enseñanza. No todos disfrutan de las mismas cosas, como en la vida misma. A algunos, por ejemplo, les apasiona el estudio, y a otros, las achurías que pueden llevar a cabo, para regocijo propio y para sufrimiento de los demás.
Siempre en boca de los profesores por las macanas que se mandaba junto a sus fieles laderos, el hoy conocido coiffeur de nuestro pueblo quiso ir más allá con sus tropelías y gastarle una broma a un compañero de los denominados “tragas”.
Ese día, había clase de geografía después del segundo recreo. Antes de salir al patio, “la piel de Judas” se quedó unos minutos en el aula preparando el plan, pues todo debía estar fríamente y milimétricamente calculado para que tuviera eficacia.
Ya de vuelta del descanso e instalados todos los alumnos en sus respectivos bancos, la profesora pasó asistencia y preguntó si alguien quería pasar voluntariamente a dar la lección.
Cuando su compañero-víctima levantó la mano en respuesta al interrogante de la docente, como sabía que iba a ocurrir, el autor intelectual y material de la chanza no pudo disimular la sonrisa de oreja a oreja.
Gustavo iba viento en popa con su alocución, hasta que se le ocurrió apoyar un dedo en el mapa que colgaba del pizarrón para señalar el lugar geográfico del que estaba hablando.
Inmediatamente se escuchó un ruido a vidrio roto y comenzó a sentirse un aroma nauseabundo en todo el salón.
Los alumnos estallaron en carcajadas, con excepción del que estaba en el frente, que no entendía nada, y de la profesora, que entendía menos. Esta última, al ver que nadie se hacía cargo del asunto, llamó a la directora del establecimiento.
La rectora, después de 5 minutos de que nadie se adjudicó “el atentado” de colocar detrás del pizarrón esa bombita de olor, decidió poner amonestaciones a todos: 10 para cada uno.
Veinte alumnos protestaron la injusta sanción pero no pudieron revertirla, la inocente víctima no pudo contener el llanto al ver dilapidada su conducta intachable de cinco años, y el Zurdo no paró de reír -para adentro, claro-; no era para menos: con esas 10 nuevas amonestaciones había completado el álbum de 25.
Los invitamos a enviar sus anéctodas, y recuerden que si son graciosas, mejor.