19-03-2011 20:56 |
Un muchacho de Henderson, de profesión peluquero, era mozo en un bar céntrico de La Plata cuando comenzó a estudiar la que sería su profesión y que aún hoy ejerce, aunque le cuesta establecerse en un lugar físico. Practicaba en la cocina del comercio con otro chico de la ciudad, estudiante, que oficiaba por entoces de minutero. La primera experiencia no fue la mejor
El “fasu” necesitaba voluntariosos clientes para sus primeras prácticas con las tijeras que había comprado con el lógico entusiasmo primerizo. Las llevaba al bar en un pequeño bolsito, y cuando estaba por terminar su turno pasado el mediodía comenzaba a requerir clientes entre los compañeros de trabajo. No había caso, nadie se animaba, menos aún elencargado de la barra, a quien el aprendiz quería convencer de rebajar su cuidada melena.
Un día, luego de varias insistencias, convenció al cocinero, también de Henderson. “Dale gallego, mirá como tenés los pelos, dejame que te corte”, inquirió. “Bueno, dale”, dijo el otro, mientras pensaba, “por lo menos me voy a ahorar unos pesos”.
Se acomodó el ocasional cliente en una silla en medio de una extensa cocina que estaba en una especie de sótano de un reconocido edificio de la capital provincial. El mozo del otro turno fue testigo, y con el ánimo de poner nerviosos al cortador y al cortado empezó a reirse a carcajadas.
La faena fue extensa, duró casi una hora, al final de la cual el peluquero estaba convencido de un buen trabajo, el cliente no estaba tan seguro al verse, pero el espejo pequeño tampoco daba margen a un diagnóstico certero. Los jueces fueron entonces los otros empleados, que de manera benevolente recomendaron "o le decís que te empareje o de acá te vas a una peluquería a ver si te lo pueden arreglar”.
La mejor solución fue un corte que no fue rasante, pero anduvo cerca.
De todos modos, el ocasional cliente siguió prestando la cabeza para las consiguientes prácticas, y notó en cuerpo propio los progresos del estudiante, que pocos días después de aquella primera experiencia andaba por el CEUH acomodando cabellos a troche y moche. El primer cliente fue cliente siempre mientras el ex mozo y luego eterno peluquero estuvo en La Plata. Y hasta se cortó alguna vez en Henderson, en un local de Florida que este peluquero trotamundos supo tener.