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A través de Olga Amado saludamos a todas las enfermeras en su día

21-11-2015 03:00 | 

“De chiquitita andaba con las agujas y las muñecas; así que ya vengo desde cuna con querer ser enfermera”, afirma Olga a Hendersonline para explicar por qué eligió la profesión que viene desempeñando hace tres décadas y que es su vocación. A esta palabra la va a reiterar en la nota para marcar diferencias entre las "viejas" enfermeras y algunas de las de estos tiempos. Comienzos en clínica San Luis, larga estadía en el hospital Saverio Galvagni, corto paso por la sala Eva Perón y los últimos años en la sala Ramón Carrillo. También el recuerdo de momentos tristes y alegres. Y más

 

 

 

 

 

 

Ante la primera pregunta, acerca de por qué es enfermera, Olga responde: “Siempre fue mi idea ser enfermera, me encanta. De chiquitita ya andaba con las agujas y las muñecas; así que ya vengo desde cuna con querer ser enfermera”.

Comenzó a ejercer su vocación en la clínica San Luis en 1985, con el médico Raúl Riccioppo. En esos primeros pasos como enfermera cuenta que “iba practicando, antes se practicaba enfermería. Y después, cuando el doctor te veía que estabas preparada te largaba solita”.

Dos años después de su paso por el sanatorio ubicado en diagonal Hipólito Yrigoyen, Olga recaló en el hospital Dr. Saverio Galvagni, lugar en el que se consolidó en su profesión y donde permaneció más de cuatro lustros, incluidos siete años de desempeño en el quirófano.

Mientras trabajaba, en el mismo lugar estudió auxiliar de enfermería, en el año 1991, siendo una de las primeras egresadas de la carrera que se dictaba en ese momento.

Problemas en su columna la obligaron a empezar a realizar tareas livianas dentro del nosocomio, hasta que la trasladaron a la sala de primeros auxilios Eva Perón, donde cumplió labor dos años. Luego, hace tres, recaló, y se encuentra en la actualidad, en la sala Ramón Carrillo.

Se siente muy a gusto en la esquina donde la diagonal 25 de Mayo llega a su fin y se unen las calles Yapeyú y Roque Sáenz Peña; a tal punto que espera jubilarse cumpliendo su labor en este lugar.  

En este centro de atención, que le “encanta”, está presente de lunes a viernes de 8 a 16 horas. Además, como enfermera está también Alejandra Martín; aunque por estos días se encuentra en la sala Eva Perón, cubriendo a la enfermera que asiste allí. Entonces, al estar sola, Olga dice que hace “de todo: soy secretaria, vacuno, hago enfermería, entrego la leche, entrego los remedios. Todas las que estamos acá hacemos de todo”.

Aparte de ella y Alejandra, en la sala de primeros auxilios están las profesionales Valeria Ross (psicóloga), Ivana Peralta (odontóloga) y Adriana Gil (clínica médica), Paola Vergara y Ana Rigoni (estas últimas pediatras).

Según Olga Amado, en la Ramón Carrillo atienden un promedio de 1.200 - 1.300 personas por mes. Y cuenta que en tiempos en que “venían todos los profesionales llegamos a tener 12 mil”.

Además de vacunación se realiza lo que se denomina “control de niños sanos”. Olga explica que a los chiquitos “que vienen con fiebre o algún otro problemita los mandamos al hospital; porque a veces están los niños sanos con los niños enfermos y después salen enfermos todos”.

A la sala también concurren personas mayores, quienes, además de recibir la atención médica, retiran los medicamentos que necesitan, si hay stock disponible.

Para mechar con los datos informativos pedimos a Olga si podía compartir un recuerdo alegre y otro triste que le haya tocado vivir en todos estos años de ejercicio de la profesión. Generosa, la trabajadora de la salud hace referencia a dos para cada caso, las cuales, al plasmarlas en estas páginas virtuales invertimos el orden, para tratar de que la sonrisa esté a continuación del recuerdo aciago. Es más, a los tristes solamente los mencionamos, sin entrar en detalles.

Ambos episodios amargos estuvieron relacionados con el fallecimiento de dos niños. Una de las muertes marcó a fuego a quien hoy, sábado 21 de noviembre, festeja su día.

En cuanto a los dos momentos divertidos, al igual que los otros, ocurrieron en el hospital. Uno fue cuando llegó un paciente y Olga lo hizo esperar un rato para que descansara, porque había llegado en bicicleta y debía tomarle la presión. Pero el rato se hizo largo porque la enfermera se olvidó del buen señor, quien, después de aguardar un prolongado tiempo, abrió la puerta del consultorio y preguntó: “¿Ya estoy para tomarme la presión…?”.

El otro recuerdo que trae a su memoria está relacionado con bromas internas, cuando “a compañeras que eran miedosas las mandábamos de noche por los pasillos”.

Agrega que esos chascarrillos tenían lugar tiempo atrás, con enfermeras “viejas”. Y aquí Olga se detiene para enfatizar alguna diferencia entre lo que era otrora su profesión y lo que es ahora. En ese sentido destaca que antes “había más compañerismo, éramos más compinches”. También recuerda las famosas fiestas de las enfermeras, que “ya no se hacen más”; y, con un dejo de nostalgia, añade que “no nos juntamos ni a cenar”. Es más, dice que ni siquiera el tradicional brindis tiene lugar por estas horas. La única reunión alusiva a la fecha que Olga iba a tener era una cena con sus compañeras de la salita.

Cuenta que este presente tiene que ver un poco con ciertas divisiones que existen entre sus colegas en general. Hecho que lamenta, porque “al fin y al cabo somos todas enfermeras, cumplimos todas la misma función”.

También señala que nota “mucha falta de vocación.  A veces ven como una salida laboral la parte de enfermería, y lo que no ven es que nosotras, como enfermeras, estamos trabajando con vidas, son vidas las que tenemos en las manos”. Añade que no es decir ‘me meto de enfermera y ya está’. No, no; no es decir es eso. Tenés que tener vocación, amor al prójimo; tratar de ayudarlo, no complicarle más el problema”.

Insiste Olga con la palabra vocación: “Porque vos notás a la enfermera cuando tiene vocación; le busca la solución al paciente, o se queda después de hora porque tiene que terminar algo que le quedó pendiente; se queda y lo hace”. Y marca la diferencia con “la que está mirando el reloj y dice ‘me llegó la hora, chau, me voy’; y no le importó más nada. Se nota la vocación de una enfermera a otra”.

Y en este amor a la profesión vuelve a resaltar la labor de las “viejas” enfermeras. “Trabajando en el hospital, había una urgencia y ayudábamos la mucama, la cocinera, el ambulancista; éramos un grupo y todos colaborábamos, no había nadie que se quedara quieto”.

De esos buenos tiempos compartidos en el nosocomio, lo que señala como otra diferencia con la actualidad, incluso que empezó a notarse aún estando ella, es la camaradería que había con los médicos, con quienes “almorzábamos todos juntos en la cocina”. Y asegura que ese trato cordial y afectivo no significaba que se confundieran los roles o se produjera un exceso de confianza. “El respeto total, el respeto ante todo”, indica.

Por último Olga vierte una opinión sobre un médico que tuvo un paso por los altos mandos del hospital. "Fue un muy buen compañero. Inquieto, como es él; virajea, anda todo el tiempo. Sabe un montón, trabaja muy bien, en equipo", afirma acerca de Jorge Cortes. Sobre el futuro intendente de Hipólito Yrigoyen dice también que "él fue corriéndome de un lugar a otro, para aliviar mi trabajo", haciendo alusión a cuando ella comenzaba a padecer los inconvenientes con la columna y no podía realizar determinadas tareas. Agrega que "todas las propuestas que él ahora ha dado estoy segura que las va a cumplir, porque él dice 'esto es blanco' y va a ser blanco. Estoy segurísima de que lo va a lograr".  


Agradecemos a Olga Amado que nos haya atendido en un alto en su trabajo, la saludamos nuevamente en su día y, a través de ella, hacemos lo propio con todos los profesionales de la enfermería, especialmente con quienes ejercen su labor en nuestro pueblo.

 

 

 

Lluvia: 12, 15 y 17 milímetros registraron, respectivamente, YPF, sector Agronomía de cooperativa El Progreso y Marcelo Posada hasta las 18 horas del viernes 6 de noviembre. Así informaron en uno y otro caso ante la consulta de Hendersonline.

 

+ A la edad de 61 años falleció Héctor Daniel González. No se realiza velatorio. Sepelio: viernes 6 de noviembre a las 9.30 horas. Se llevará a cabo un responso en la Iglesia evangélica (Italia entre Rivadavia y Mariano Moreno). Q.E.P.D.

 

El HCD de Hipólito Yrigoyen invita a la comunidad al acto de descubrimiento de la placa en homenaje al primer intendente electo por voto popular de nuestro distrito, Don Osvaldo Arpigiani. Sábado 14 de noviembre a las 10 horas en el palacio municipal.

 
DIPUTADOS 26 Cooperativa El Progreso SOLER Federico del �lamo PORTAL URBANO

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