Fotos:
1- Grupo familiar. De izquierda a derecha: Guillermo (yerno); Carolina (hija mayor); Nicolás (hijo); Teresa (esposa); 'Pelusa' y Verónica (hija menor). La foto fue tomada en el cumple de 15 de Ailin, sobrina de José Alberto Pérez.
2 - 'Esto me representa en Bariloche: ¡el taxi y la nieve!', dice 'Pelusa' .
3 - Bruno, de remera roja, y Leo, de remera verde, nietos de José Alberto Pérez.
4- Año 1987. La Familia nueva. De izquierda a derecha: Ricardo 'Conejo' Casella, 'China' Save, 'Pelusa' Perez, Osvaldo 'Totito' Pérez, 'El Misionero', Alejandro Miranda, 'Corbata' Sánchez y 'Toto' Pérez.
Su nombre es José Alberto Pérez, pero ya desde la cuna se lo conoce como “Pelusa”, apodo que su tío “Beto” le puso “por lo peludo que era al nacer”.
El protagonista de esta entrega de “No te olvidés del pago” es hijo de José Pérez (“Tito”) y Atalía Vizcaya (“Lía”); hermano de Ramón A. Pérez (“Toto”) y compañero de vida de Teresa Dominick. Con ella son padres de Nelson, de 42 años, Carolina (36), Nicolás Brahin (24) y Lía Verónica (22); también abuelos de Leo, de 10 años, y Bruno, de 3.
“Pelusa” nació en Henderson y vivió primero en una casa ubicada en Moreno e Italia, para luego mudarse a Italia 575.
Del barrio recuerda las calles de tierra, los picaditos de fútbol hasta que oscureciera y los juegos en las cosechadoras que reparaba don Primo Bíscaro.
Consultado acerca de amigos de esa época, menciona a: “los Bíscaro, San Juan, Méndez, los Iriarte, Jorge y Norma López, Ramón y ‘Pety’ Martín, Lusetti”. También recuerda a “la familia Morales y Serra”. Y añade a la enumeración “nuestra sede social: el almacén de Joaquín y María Rodríguez”.
Sobre algún momento en particular vivido junto a sus abuelos, José Alberto dice guardar “lindos recuerdos de mi abuelo, árabe el señor; cada vez que fallecía un paisano hacían un cónclave en su casa, se gritaban de todo... Lo más livianito, turco ‘viojoso’. Se reunía la colectividad a pleno.
-¿En qué escuela cursaste la primaria? ¿Compañeros y maestras que recuerdes?
-Escuela N° 26, ahora 2 “Vicente López y Planes”. Compañeros: Mario Ayestarán, Norberto Romero, Olguita Raggio, Cristina Galvagni, Ana María Hernández, Carlitos Pugnaloni. Maestras: Rosita Sarasíbar, Blanquita Tamborenea, Mimí Locatelli y María Cristina Castagnet de Crespi, de quien guardo imborrables recuerdos. Y una mención especial para el director, el sñor Rovira.
-¿Cursaste la secundaria? ¿Dónde? ¿Algunos compañeros y profesores que recuerdes?
-Sí, cursé hasta el cuarto año de la Escuela Profesional Mixta N°1. La directora era “Kyti” Barrera. Preceptores: Feliz Marcos, “Pepe” Molinuevo. Los profes: señorita De Lorenzi, Arturo Pellegrini. Secretario: Roque Losino. Y “Panchito” Mecadán, portero y amigo.
Compañeros éramos una banda divina: mi amigo Luis García, “Zaino” y “Beto” Sánchez, “Perico” Acosta, Campitelli, Norma Ullúa, Norma Viñuela, Teresa y Cristina Mariani, “Chela” Lorenzo, Mirta y Graciela De Lio.
-¿Alguna carrera terciaria y/o universitaria?
-Esta es la asignatura pendiente que me ha quedado.
Se fue de Henderson por primera vez en el año 1969. El destino, Bariloche. Estuvo hasta 1976, cuando regresó al pueblo natal.
Se radicó por segunda vez en la localidad rionegrina en 1988, y está allí desde entonces, hace 27 años.
-¿Qué cosas te gustan más de la ciudad?
-Bariloche es una ciudad cosmopolita; al forastero le cuesta un montón insertarse socialmente. Después de haber pagado el derecho de piso, te aceptan bien. Económicamente siempre te da una nueva oportunidad. Y por último, el maravilloso entorno natural que poseemos; aquí aprendí a cuidar y a valorar la naturaleza.
-¿Qué fiestas características tiene Bariloche?
-Tenemos varias: la Fiesta Nacional de la Nieve, la Fiesta Nacional del Chocolate y la fiestas de las Colectividades Europeo-Argentinas.
-¿Qué cantidad de habitantes, aproximadamente, hay?
-Cuando yo llegué, en el censo poblacional del año 1970 era de aproximadamente 19.900, y ahora se habla, más o menos, de 150.000 habitantes.
Respecto del trato cotidiano con la gente, Pérez señala que “es muy similar al de la gran ciudad; cambia notablemente el trato hacia el turista, es más afable, se trata de brindar un buen servicio en pos de lograr una buena imagen”.
En cuanto a cómo está la ciudad en el tema limpieza, señala que “estamos bien pero tendríamos que estar mejor”.
Con relación al tránsito es tajante: “Es un caos; muy grande el parque automotor, y la topografía ayuda poco”. No obstante indica que al peatón “se lo trata de respetar, principalmente en los cruces de calles”. Y añade que “dentro de lo colapsado que está el parque automotor es muy difícil cumplir con las reglas de tránsito”.
En tanto, acerca del tema de la inseguridad afirma: “Es bastante álgido, porque si se nos escapa ese ítem estamos matando a la gallina de los huevos de oro; aunque no escapamos a la regla general de los niveles de inseguridad”.
Y sobre cuál es la mayor fuente laboral que ofrece la ciudad turística del sur argentino, responde: “La industria madre es el turismo, pero empresas de alta tecnología, como INVAP (Investigación Aplicada), ocupan a 1.200 empleados”.
-¿Encontrás similitudes entre Bariloche y Henderson. ¿Cuáles?
-No, para nada; y hago hincapié en lo social. En pocas palabras te lo resumo. Tengo un amigo en Bariloche que hace ocho años que no lo veo. Lo quiero un montón, pero él está inmerso en su actividad, es guía de pesca embarcada, y yo en mi taxi.
-¿Mantenés contacto con otros hendersonenses que viven en Bariloche?
-Sí, la colectividad hendersonense a pleno... Nos vemos seguido con “El Ruso” Everwein y Laurita (Asencio), los Carpio, “El Pelé” Cañas, Alfredo Martín y Liliana, Susana Medina, Marito Escribano, Normita Alvarez, Hugo López y Perla Apraiz, entre otros.
-¿Te has encontrado alguna vez con estudiantes de Henderson que estaban de viaje de egresados?
-¡Siií, mi casa es la embajada! Los últimos chicos que estuvieron son los hijos de Osvaldo Oliver y la hija de “El Chino” Pérez.
-¿Cuál es tu actividad laboral?
-La más linda de todas: soy tachero. Te cuento una anécdota: hace unos días llevé al hotel Llao Llao a un matrimonio de Buenos Aires y me preguntaron de dónde era. La respuesta no se hizo esperar: “De Henderson”. Y la señora respondió: “Igual que mi jardinero de Villa Gesell: Fito Ríos”. ¡Para mí fue una inmensa alegría saber noticias de un amigo que hace muchos años que no lo veo!.
Fuera del ámbito laboral, cuando el poco tiempo libre que le deja su actividad se lo permite, a José Alberto “Pelusa” Pérez le gusta disfrutar de la montaña, los lagos y, en especial, de sus nietos.
Consultado sobre alguna localidad cercana recomendable para pasar unos días de vacaciones, el hendersonense menciona a “la zona del Manso, aquí en Bariloche; y en los alrededores, Villa Traful es un lugar muy virgen, muy lindo. También Villa Pehuenia, que queda en la zona del lago Aluminé, en la provincia de Neuquén”.
-¿Cada cuánto tiempo visitás Henderson?
-En la actualidad hace cuatro años que no voy, porque tengo a mis hijos estudiando en Buenos Aires.
-¿Tenés familiares directos viviendo en el pueblo?
-Sí, mi tío “Beto” Pérez y mi primo Alberto R. Pérez (“Guagüi”) y su familia.
-¿Algún lugar que sea una parada obligada cada vez que volvés, que no puedas regresar a Bariloche sin pasar aunque sea un rato?
-Siempre que voy, la cita obligada es La Familia; ahí hay un pedazo de mi vida. También Fútbol Club, Unión Deportiva, Juventud Unida y lo de “Rosquete”, para encontrarme con toda la banda de amigos.
-¿Cómo viste al pueblo la última vez que estuviste?
-Fui para el centenario, a principios del 2011; lo encontré muy limpio, ordenado; vi presencia policial en lo que hace a la seguridad; a la gente, de muy buen humor; y una ciudad que mejoró mucho su aspecto.
-¿En qué cosas notás que ha cambiado desde que te fuiste?
-Lamentablemente, cuando yo me fui Henderson pasaba por el peor momento de su historia: las inundaciones. Pero al volver me encontré con la ciudad soñada: nuevos barrios, mucho pavimento, y en todos los aspectos mucho orden. Lo que no ha cambiado, y es mi humilde opinión, es que cada vez que hay clima electoral a mis coterráneos se les hace muy difícil la convivencia; por esos días se ven más como enemigos que como adversarios.
-¿Está en tus planes volver a radicarte algún día en Henderson?
-Ante una gran pregunta, una gran respuesta: ya estoy jubilado, el año que viene mis hijos terminan la carrera universitaria, y va a llegar la hora de las decisiones; quizás no definitivo, pero por períodos me iría a estar junto a lo que yo tanto amo, que es mi querido HENDERSON.
“Pelusa” nos agradece por “el espacio para poder llegar a mis amigos y conocidos”. Y nosotros le agradecemos por haberse sumado a esta tradicional sección de Hendersonline, que transita por su cuarta temporada.
“A título de despedida”, dice, “les pido a toda mi gente de Henderson el apoyo incondicional a las nuevas autoridades electas, para el engrandecimiento de nuestra querida ciudad”.
Pero aquí no termina este recorrido que tanto disfrutamos -y esperamos que ustedes también lo hayan hecho- a bordo del taxi de nuestro coterráneo. Como habíamos indicado, una parada obligada tenía que ser la confitería La Familia, donde, como ya mencionó él, hay un pedazo de la vida de nuestro invitado de hoy.
Bonus track: La Familia
-¿Entre qué años estuviste al frente de La Familia?
-De diciembre de 1976 hasta julio de 1988.
-¿Eras uno de los dueños? Con quién/es estabas en ese emprendimiento?
-Conformamos una sociedad de hecho: mi padre, mi hermano y yo.
-¿La Familia nació con vos o ya estaba funcionando? ¿Por qué lleva ese nombre?
-No, La Familia nació en noviembre del año 1972. Sus socios eran Héctor Gorjón y “Tito” Pérez. Y le pusieron La Familia porque el fin que perseguían era el de crear un punto de reunión y esparcimiento familiar. Su primer cliente fue Alfredo Mateos.
-Tendrás para contar muchas anécdotas del tradicional reducto de la noche hendersonense. Con una nos conformamos…
-Un sábado, unas diez parejas fueron a hacer la previa a la confitería, porque se iban al casamiento de un amigo. Se fueron muy alegres pero... ¡Oh! sorpresa, a la hora estaban todos de vuelta… La novia, indignada por el mal trato que le propinaron a su marido en la despedida de soltero, se tomó revancha echándolos del casamiento… Y el final, muy conocido: terminaron comiendo hamburguesas en La Familia...
-¿Qué recuerdos tenés de Ricardo Casella, “El Conejo”?
-El momento más difícil... Qué te puedo decir de este chico: que se crió en La Familia. Empezó a los 9 años de lavacopas, luego fue mozo, y conmigo hasta el final; un ser con un corazón inmenso. ¡De él si te diría que hay mil anécdotas! Un año antes de cumplir los 50 nos había invitado a su cumpleaños en Victoria, Entre Ríos, pero su corazoncito nos jugó una mala pasada y el amigo partió, dejando un inmenso vacío.
-También trabajó un pibe que le decían “El Misionero”.
-Sí, Roberto Caytano, mi hermano del corazón. También comenzó de lavacopas y luego fue mozo. Hoy en día reside en Carupá, Misiones. Se casó, tiene 4 hijos y está muy bien.
-¿Qué otras personas trabajaron de mozos o en la cocina mientras estuviste en La Familia?
-De mozos, “Pirucho” Nievas, Ricardo Casella. Y en la cocina, la jefa era “La Chinita” Save; también estuvieron “El Corbata” Sánchez, “Cacho” Castaño, Carlitos Tolosa. Y tengo que mencionar a un colaborador muy especial: Raúl Mc Donall. El estuvo presente en todas las refacciones que se le hizo a la confitería.
-¿Qué significó o significa para vos La Familia? ¿Y qué sentís hoy, tantos años después, sabiendo que la confitería, si bien con cambios, está en el mismo lugar y mantiene el nombre?
-Como lo mencioné en un párrafo anterior, La Familia es un pedazo de mi vida; y siento un inmenso orgullo que tanto Estela Jorge, Franco Squarzon y Marcelo García hayan mantenido en la cresta de la ola el nombre de LA FAMILIA a través de estos 43 años.